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El principio de la integridad.

Actualizado: 2 dic 2022




La forma en la que manejamos nuestro dinero tiene mucho que decir sobre quiénes somos interiormente como personas: las cosas que valoramos, los principios que obedecemos y el proceso de pensamiento que seguimos para tomar decisiones. Es por eso que detrás del bienestar financiero, debemos producir un cambio interior primero, que pueda producir un cambio exterior después.

De nada vale «vestir a la mona de seda». Lo que debemos hacer es sufrir una transformación interior que nos lleve a realizar cambios exteriores por el resto de nuestras vidas. Andrés Panasiuk

No olvidar que:

  1. Debemos vernos como administradores (desprendernos emocionalmente de nuestras posesiones).

  2. Debemos aprender a ser felices en la situación económica en el que nos encontremos.

  3. Debemos encarar nuestra vida financiera con perseverancia, mirando el largo plazo (nuestro ciclo de vida completo) y no solamente el día de hoy.

  4. Debemos aprender a ahorrar, diferenciando entre necesidades y deseos.

En segundo lugar, si queremos lograr una prosperidad integral, no solamente debemos desarrollar una actitud diferente frente a la vida, sino que también debemos trabajar en nuestro carácter. Desarrollar las bases de un carácter sólido es la única manera en la que vamos a poder tomar buenas decisiones económicas, día a día.


Clarificando el concepto de la madurez.


Cuando éramos niños, nuestra madre nos forzaba a tomar la sopa; no sólo eso, también teníamos que comer todo tipo de verduras, algunas que nos parecían horribles. Sin embargo, en nuestra edad madura no dudamos en prepararnos una buena sopa o comernos un buen plato de verduras.


¿Qué ha pasado en nuestras vidas? ¿Es que tememos que nuestra madre nos encuentre, como lo hacía en aquellos días de nuestra niñez y nos llame la atención? En general, la respuesta es «no». Lo que ha ocurrido es que, a medida que hemos madurado, hemos aprendido un principio importante en la vida: debemos alimentarnos con regularidad para sobrevivir. También hemos comenzado a valorar las comidas con un alto contenido de nutrientes; a valorar comidas nutritivas y aunque nunca antes hayamos probado un determinado alimento, podemos decidir si lo queremos comer o no simplemente haciendo un par de preguntas sencillas antes de probarlo. De esa manera podemos determinar el valor nutritivo del mismo, saber si es bueno para nosotros, si nos va a caer mal y si lo vamos a tomar o no.


Lo mismo ocurre con nuestras decisiones económicas. Es imperativo que maduremos, que crezcamos en nuestro carácter, para poder tomar las decisiones diarias que nos lleven hacia el camino de un equilibrio y bienestar más pleno.


La adolescencia social.


La madurez implica paciencia, integridad, honestidad, transparencia en las relaciones, amor comprometido, compasión por los demás y una buena dosis de dominio propio. Si desarrollamos esas tendencias en nuestro carácter no hay lugar en el mundo donde no podamos llegar a la prosperidad integral.


Nuestro carácter y mis valores en la vida determinarán el rumbo que habrás de seguir cada vez que te enfrentes con una nueva alternativa financiera. Mi carácter es un boomerang: eventualmente volverá a mí para ayudarme o para golpearme.

Tomás Paine decía: "Carácter: mejor cuidarlo que recobrarlo".

Una de las marcas más importantes de un carácter maduro es la integridad personal. Stephen Carter, profesor de la Escuela de Leyes de la Universidad de Yale y autor del libro Integrity [Integridad], explica que la integridad requiere de tres pasos concretos:

a. Discernir lo que está bien de lo que está mal.

b. Actuar de acuerdo a esas convicciones, aún a pesar de tener que pagar un precio en lo personal por hacerlo.

c. Expresar abiertamente frente a otros que uno está actuando de acuerdo a su propio discernimiento.


Cuando viajo ofreciendo conferencias, especialmente en aquellas que presento para empresarios y políticos, con regularidad defino «integridad» de la siguiente manera: Integridad es, Hacer lo que se 'tiene que hacer, Cuando se tiene que hacer, Como se tiene que hacer, Sin importar las consecuencias. Andrés Panasiuk

Si queremos disfrutar de la prosperidad integral, entonces, en primer lugar debemos desarrollar un carácter íntegro, sólido. Debemos descubrir las cosas en las que creemos y aprender a vivir de acuerdo a ellas, cueste lo que nos cueste.


Se dice que Abraham Lincoln dijo una vez: «Tú puedes engañar a todos algún tiempo, puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todos, todo el tiempo».

Eventualmente la gente a tu alrededor sabrá quién realmente eres. Especialmente la gente que se encuentra más cerca de ti.


Dos historias interesantes.


La primera tiene que ver con uno de los abogados de Al Capone. Uno de los abogados de Al Capone se llamaba "Easy Eddie" ("Eduardo el Tranquilo"). Eddie tenía fama de ser uno de los mejores y más sagaces abogados en todo Estados Unidos. Tal era su capacidad para manejar casos difíciles que el gobierno federal norteamericano había invertido cantidades enormes de dinero para encarcelar a Al Capone sin mucho éxito. Al Capone, por su parte, premiaba a su inteligente abogado con un sueldo respetable, lujos, poder político y hasta 'una casa que cubría toda una manzana en la ciudad de Chicago.


Easy Eddie estaba casado y un día él y su esposa tuvieron un hijo. Amaba profundamente a su hijo y como todo padre, trataba de enseñarle la diferencia entre el bien y el mal; le proporcionaba una buena educación, dinero, vacaciones regulares, la mejor vestimenta de moda, automóviles, etcétera. Sin embargo, había una cosa que Easy no podía darle a su heredero: un buen nombre. Los amigos de su hijo lo confrontaban con la triste realidad de que su padre era el que estaba permitiendo que un gángster como Al Capone continuara robando, matando y corrompiendo a la sociedad.


Easy Eddie lo pensó por un tiempo, bastante seriamente. Un día, decidió que ese no era el ejemplo que le quería dejar a sus hijos (ya maduros) y a sus nietos; hizo contacto con las autoridades y se entregó a la policía para hacer lo que era correcto, a pesar de las consecuencias. Fue gracias a su testimonio en la corte que, finalmente el gobierno norteamericano colocó a Al Capone tras las rejas. Easy Eddie fue acribillado a balazos en una oscura calle de Chicago no mucho tiempo después.


La segunda historia tiene que ver con un desconocido piloto de la fuerza aérea norteamericana. El 20 de febrero de 1942, durante una de las batallas en el Pacífico, el portaaviones Lexington al cual su escuadrón estaba asignado recibió órdenes de atacar posiciones japonesas en Nueva Guinea. Desafortunadamente para los norteamericanos, la nave de guerra fue detectada por los japoneses unos 600 kilómetros antes de llegar a destino. No mucho después, los aviones Wildcats del Lexington entraron en combate con dieciocho bombarderos japoneses.


Los primeros nueve fueron destruidos por los Wildcats, pero cuando la segunda tanda de bombarderos llegaron a las inmediaciones del Lexington, solamente este joven piloto y su acompañante estaban lo suficientemente cerca de la formación japonesa para defender la nave. Para colmo de males, las ametralladoras del avión del acompañante se trabaron y nuestro joven piloto quedó absolutamente solo frente a los nueve bombarderos enemigos.


En un acto de heroísmo absoluto, este piloto apuntó su Wildcat hacia los bombarderos enemigos y en medio de una verdadera lluvia de balas atacó de frente a toda la formación. En su primera pasada, derribó su primer bombardero, y, mientras este caía al agua, ya estaba derribando su segundo. Sin descanso, se volvió al resto del grupo y derribó tres más, y cuando se le acabaron las municiones utilizó su propio avión como arma para tratar de golpear las alas de los japoneses y eliminar a demás. Su ataque fue tan efectivo, que retrasó el ataque nipon y le dio tiempo al resto del escuadrón americano de llegar y eliminar a los que quedaban.


Ese día este joven piloto norteamericano salvó a su portaaviones y defendió la vida de todos sus camaradas. Por este acto de valentía fue ascendido a Teniente Comandante y recibió la más alta condecoración que ofrece el gobierno de los Estados Unidos: La Medalla de Honor del Congreso.


Ese joven piloto se transformó, entonces, en uno de los héroes más conocidos de la segunda guerra mundial. Su nombre es "Butch" O'Hare. Nombre, que para honrar su memoria, lleva hoy en día el aeropuerto de la ciudad de Chicago, uno de los más grandes del mundo.


¿Por qué estas dos historias? ¿Qué tienen ellas en común?

Lo que tienen en común es que "Butch" O'Hare era el hijo de "Easy" Eddie. No hay un legado más precioso que podamos dejar a nuestros herederos que el ejemplo de un carácter sólido... a pesar de las consecuencias.

Para poner en práctica.


Clarificar cuáles son las cosas que valoramos en la vida es un paso muy importante para darnos cuenta de cómo tomamos decisiones financieras. Por ejemplo, todos consideramos importante la obediencia a las leyes de nuestro país. Sin embargo, para algunos de nosotros esa obediencia a las leyes nacionales nos dura hasta el momento en el que tenemos que pagar impuestos. Allí la cosa cambia.


El problema de la ética situacional.


Cuántos de nosotros hemos sido víctimas del problema de la ética situacional es que siempre depende de la situación y no de valores absolutos. Desde que hemos dejado de lado los valores absolutos y vivimos en un mundo de tanta relatividad, nos acomodamos a las situaciones como mejor nos convenga. Los latinoamericanos no somos una excepción a este problema y muchas veces actuamos con este tipo de ética. Sabemos que decir la verdad es importante y le enseñamos a nuestros hijos a decírnosla, pero cuando llega el momento de la presión, preferimos crucificar al prójimo que perder las cosas que valoramos.


Cuantos de nosotros hemos sido víctimas de esta estafa. A cuántos se nos ha dicho: «Ni bien cobro te devuelvo todo lo que me prestaste»; o: «La semana que viene voy a tener todo el dinero para pagarle la renta, señora, 'Ise lo juro!»; o, quizás: «Este es un negocio perfecto, no se puede perder!»


La realidad, sin embargo, es que 'todavía estamos esperando que se nos devuelva el dinero prestado, que se nos pague el alquiler atrasado y ni siquiera queremos hablar de la cantidad de dinero perdido en el negocio que nos propusieron.


Algunas que afectan la forma en la que tomamos decisiones económicas y, por lo tanto, no nos permiten llegar a fin de mes o disfrutar de prosperidad integral. Por ejemplo, «decir las cosas como en realidad son». 'Y vamos a enfatizar en decir la verdad, cueste lo que cueste. Por ejemplo, aprender a decir a nuestro prestamista: «No te preocupes. Te voy a devolver cada centavo que 'te debo. No se cuándo, porque estamos muy apretados económicamente ahora; pero puedes tener la seguridad de que, aunque me tome el resto de mi vida te lo voy a pagar todo», en vez de prometer lo que sabemos que no vamos a poder cumplir a menos que ocurra un milagro.



Fuente: ¿Como llego a fin de mes?, Andrés Panaiuk, adaptado.









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