Cuando el dólar se vuelve código: stablecoins y la nueva geopolítica del dinero digital.
- Armando Bienestar

- hace 1 día
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Roberto Darrigrandi Undurraga
En los últimos dos años, las stablecoins dejaron de ser un experimento cripto para convertirse en una pieza estructural del sistema financiero digital. En foros como el World Economic Forum y en las discusiones regulatorias en Estados Unidos y Europa, el consenso emergente es claro: las stablecoins no son solo “cripto”, sino infraestructura monetaria privada que compite -y coopera- con el sistema bancario tradicional.
1. Stablecoins: dinero privado con respaldo financiero.
Las stablecoins son criptoactivos diseñados para mantener paridad 1:1 con una moneda fiat -principalmente el dólar-, usualmente respaldados por reservas en efectivo y bonos del Tesoro, colateral cripto o, en menor medida, mecanismos algorítmicos. Desde la teoría monetaria, operan como sustitutos de depósitos a la vista: instrumentos de pago que prometen redención inmediata al valor nominal. Gorton y Zhang (2023) las comparan con los “wildcat banks” del siglo XIX: dinero privado cuya estabilidad depende de la calidad y liquidez de sus reservas y de la credibilidad del emisor.
La diferencia clave hoy es la transparencia on‑chain y la velocidad de redención, que permiten monitorear reservas y mover fondos en tiempo real. Sin embargo, esa misma velocidad puede amplificar corridas digitales si la confianza se erosiona y los usuarios intentan convertir sus saldos a dinero bancario o soberano de forma simultánea.
Ejemplo: una stablecoin respaldada en Treasuries de corto plazo ofrece liquidez casi inmediata bajo condiciones normales, pero ante redenciones masivas se ve obligada a liquidar activos rápidamente, transmitiendo tensión a los mercados monetarios y, potencialmente, al sistema bancario que intermedia esos instrumentos.
2. Eficiencia operativa: liquidación instantánea y reducción de fricciones.
En pagos transfronterizos y en mercados de capitales, las stablecoins permiten liquidación casi inmediata, 24/7, reduciendo intermediarios, tiempos de compensación y costos de reconciliación. Desde la microestructura de mercados, reducir fricciones post‑trade disminuye costos implícitos de transacción y riesgo de contraparte (O’Hara, 1995). Catalini y Gans (2016) muestran que la tecnología blockchain reduce costos de verificación y de networking, trasladando eficiencia a usuarios finales y habilitando nuevos modelos de negocio.
Ejemplo: una empresa chilena que paga proveedores en Perú mediante stablecoins dolarizadas puede acortar de días a minutos el ciclo de pago respecto del esquema bancario tradicional basado en SWIFT, reduciendo spreads cambiarios efectivos y mejorando el uso de capital de trabajo.
3. Riesgo sistémico y desintermediación bancaria.
El desafío estratégico es que las stablecoins pueden desplazar depósitos bancarios, afectando el fondeo estructural de bancos y la transmisión de la política monetaria. Brunnermeier y Oehmke (2013) advierten que, cuando los agentes compiten por liquidez de corto plazo, surgen fragilidades estructurales en los balances. Si volúmenes significativos migran a stablecoins, los bancos podrían enfrentar una base de depósitos más volátil y sensible a shocks de confianza.
Luego es posible que la tokenización y el dinero programable pueden acelerar shocks de liquidez, especialmente si la infraestructura permite movimientos masivos de fondos en tiempo real y si los marcos regulatorios no internalizan estos riesgos.
Ejemplo: en un episodio de estrés financiero, empresas e inversionistas institucionales podrían convertir depósitos bancarios en stablecoins en cuestión de minutos, generando una “corrida digital” sin filas físicas, pero con impactos inmediatos sobre liquidez bancaria y spreads de fondeo.
4. Geopolítica monetaria: el dólar como protocolo.
Más del 90% del mercado de stablecoins está vinculado al dólar, lo que extiende la influencia monetaria estadounidense al ámbito de los protocolos digitales. Si el dólar se consolida como estándar programable para pagos globales -embebido en contratos inteligentes, plataformas DeFi y sistemas de mercado tokenizados-, Estados Unidos refuerza su hegemonía financiera no solo vía Wall Street y el sistema bancario, sino también a través de infraestructura blockchain privada y pública.
Para América Latina, este fenómeno es ambivalente. Por un lado, facilita acceso a dólares digitales y cobertura frente a inflación o controles de capital; por otro, profundiza la dependencia monetaria externa y puede erosionar la demanda por monedas locales, complejizando la conducción de la política monetaria y la estabilidad financiera.
Ejemplo: en economías con alta inflación o episodios de inestabilidad cambiaria, hogares y empresas pueden adoptar stablecoins como reserva de valor y unidad de cuenta para contratos privados, reduciendo aún más el espacio de maniobra de los bancos centrales domésticos.
5. Agenda para Directorios, Ejecutivos y Empresarios en LatAm.
Para empresas y grupos financieros en la Región, el debate sobre stablecoins ya no es tecnológico, sino de gobierno corporativo y gestión de riesgo. Algunas preguntas estratégicas clave:
¿Debe la empresa aceptar stablecoins como medio de pago recurrente, o utilizarlas solo como instrumento táctico en tesorería y comercio exterior?
¿Qué criterios de selección aplicar a emisores: regulación, tipo y duración de reservas, frecuencia y calidad de auditorías, gobernanza y jurisdicción legal?
¿Cómo integrar stablecoins en los marcos de liquidez, riesgo de mercado, riesgo operacional y compliance (KYC/AML), evitando brechas con reguladores y bancos corresponsales?
¿Existen oportunidades concretas para innovación en pagos B2B, soluciones de treasury management, financiamiento estructurado o acceso a capital internacional usando stablecoins y tokenización de activos?
En la práctica, la decisión de incorporar stablecoins en la operación no debería delegarse solo en áreas de tecnología o pagos, sino discutirse a nivel de Directorio, comités de riesgo y auditoría.
6. Conclusión.
Las stablecoins no son una moda cripto pasajera, sino una nueva capa monetaria digital que combina eficiencia tecnológica con riesgos financieros clásicos: liquidez, confianza, regulación y gobernanza. Para Directorios, Ejecutivos y Empresarios, el punto de inflexión es entender que el dinero deja de ser solo un instrumento macroeconómico para convertirse en infraestructura programable sobre la cual se construyen modelos de negocio, mercados de capitales y arreglos geopolíticos.
La ventaja competitiva estará en las organizaciones que lean temprano esta transición, definan políticas claras sobre uso y exposición a stablecoins y desarrollen capacidades para operar en un entorno donde el dólar ya no es solo moneda: es código.
Fuente: Linkedin, Roberto Darrigandri, Socio & Advisor en Finanzas Corporativas y Private Debt
Referencias
Bank for International Settlements. (2023). The tokenisation of financial assets: Implications for financial stability. BIS.
Brunnermeier, M. K., & Oehmke, M. (2013). The maturity rat race. The Journal of Finance, 68(2), 483–521.
Catalini, C., & Gans, J. S. (2016). Some simple economics of the blockchain. MIT Sloan Research Paper.
Gorton, G. B., & Zhang, J. Y. (2023). Taming wildcat stablecoins. The University of Chicago Law Review, 90(3), 909–972.
O’Hara, M. (1995). Market microstructure theory. Blackwell.
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