El ocaso del contador mediocre.
- Armando Bienestar

- hace 1 día
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Este artículo esta copiado, sin edición, de lo escirto por Juan Ignacio Eyzaguirre, según consta en la fuente más abajo indicada.
"Mejor ser un contador mediocre que un músico brillante."
Durante años he creído en esta idea: las perspectivas de solventar un buen pasar eran más auspiciosas para el primero. “Siempre necesitaremos contadores”, decían, mientras la tecnología y la competencia global erosionaron los prospectos de la carrera musical, sin importar el talento ni el esfuerzo.
En el metro de París, donde vivo hace años, cientos de músicos excepcionales dependen de la generosidad del peatón. Es desolador observar cómo la tecnología dilapidó las oportunidades de una disciplina de tanto esfuerzo. Mientras admiro a un cellista en el andén, en mi bolsillo escucho a Yo-Yo Ma con un clic. La tecnología democratizó el consumo, pero elitizó el oficio.
Durante décadas, la apuesta racional fue la carrera “segura” en lugar de oficio donde la tecnología define una lógica winner-takes-all. Sin embargo, la irrupción de la IA nos obliga a cuestionar los prospectos del contador promedio y sus equivalentes. En EE.UU. e Inglaterra, las vacantes para recién graduados caen aceleradamente, especialmente en comunicaciones, marketing y finanzas. Hay menos puertas de entrada y el premio por cruzarlas se está estancando.
La IA, al potenciar la productividad resolviendo tareas más simples, reduce la necesidad de juniors y constriñe la demanda de trabajos formativos. Expertos advierten que la pirámide corporativa migrara hacia un rombo: jefes más productivos al centro, menos aprendices en la base. De hecho, la Oficina de Estadísticas Laborales de EE.UU. proyecta que la mayoría de los nuevos trabajos no requerirán diploma universitario, reivindicando oficios manuales y técnicos que la automatización aún no replica.
Aquí surgen reflexiones urgentes para Chile. Escuchar al Colegio de Profesores, o analizar las reformas de Bachelet y la ideología del Frente Amplio, se siente como un viaje a un pasado obsoleto. Hemos hecho a nuestro sistema educacional bailar la música equivocada, volcando miles de millones a un modelo de títulos universitarios de papel mientras el mercado pide competencias distintas, generando frustración en la juventud.
Otros países muestran la alternativa. Alemania y Suiza llevan décadas combinando educación con formación dual, otorgando prestigio a la técnica. Los países nórdicos, en tanto, consolidan trayectorias flexibles donde reentrenarse no es fracaso, sino adaptación. No siguieron una consigna, diseñaron un sistema alineado con la productividad.
La realidad exige cambios radicales a la rigidez y despilfarro de nuestro sistema. El título universitario no es la llave mágica. Reequilibrar la balanza hacia la formación técnica y el aprendizaje dual es perentorio. Este rediseño requiere que Estado, academia y empresa colaboren para que los jóvenes alinean su aprendizaje con las necesidades del mañana. Es ahí, y no en eslóganes añejos, donde nos jugamos si Chile sigue bailando al compás equivocado o se atreve a cambiar de partitura.
Fuente: Juan Ignacio Eyzaguirre, Plaz de Ideas, Linkedin




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